Cassandra S. Barlow
Donde las sombras cuentan secretos
Un reloj de bolsillo sobre un pañuelo bordado

El gran almacén de lo cotidiano

Un maniquí victoriano con un corsé sobre una tela de encaje

A veces, lo que más oprime no es el corsé…

Ay, los corsés.
Son tantas cosas, los corsés…
Símbolo de elegancia.
Objeto de tortura.
Aliado de la postura.
Prisión del cuerpo.
Lo cierto es que pocas prendas dividen a la opinión pública tanto como el corsé…

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Perfumes y aromas victorianos

Londres huele a lavanda… y azufre

Dicen que el olor es uno de los desencadenantes más poderosos de los recuerdos.
Seguro que hay algún aroma que te trae recuerdos de la infancia. En mi caso es el olor de la plastilina. Y de un paté que daban de merienda en el cole.
🤢Lo odiaba.

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Novelas por entregas del siglo XIX

Así nacieron las novelas por entregas… (y mi amor por el XIX)

En el siglo XIX la cultura era cosa de ricos. La clase obrera tenía bastante con trabajar entre diez y catorce horas diarias (con descanso dominical) en las fábricas a cambio de seis peniques al día (unos 6 euros al cambio de hoy).
El caso es que las gentes de bien se preocupaban por estas clases obreras, pero no lo suficiente. 
Te cuento…
Las novelas se vendían por entregas (Dickens lo hacía así. Y Victor Hugo. Y Mark Twain…), pero estas entregas costaban unos doce peniques. 
Una barbaridad. 
El sueldo de dos días.

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