Cassandra S. Barlow
Donde las sombras cuentan secretos

Hay puertas que jamás deberían abrirse…

Puertas prohibidas, habitaciones secretas y la casa Winchester…

En los cuentos infantiles, a menudo hay una puerta prohibida.

Una habitación secreta.
Una llave tentadora.

Y alguien —los protagonistas— tienen siempre la brillante idea de abrirla.

Como en el cuento de Barbazul,
donde las esposas desaparecían sin dejar rastro,
y donde la más joven —curiosa, temerosa, valiente— decidió usar la llave de oro y abrir la puerta prohibida.

Allí, no encontró joyas.
Ni riquezas.

Tan solo…

¡Los cuerpos descuartizados de las anteriores esposas! (*delicioso escalofrío)

Pero las puertas prohibidas no solo aparecen en los cuentos infantiles…

Te contaré algo que pocas personas conocen… Y lo titularemos:

La habitación secreta de Sarah Winchester

Sarah Winchester, viuda del heredero de los rifles Winchester,
construyó durante décadas una mansión laberíntica en California.

Según cuentan, lo hizo siguiendo las instrucciones de los espíritus de todos sus familiares fallecidos.

Y es que en cuestión de unos años, Sallie perdió a su hijita, su padre, su madre, su suegro, su esposo y su hermana mayor.

Esta casa misteriosa tiene:

Escaleras que no llevan a ninguna parte

Puertas que se abren al vacío…

Y una habitación secreta, que fue cerrada tras su muerte…

y no se volvió a abrir hasta casi 100 años después.

¿Y qué encontraron en su interior?

Una silla,

una vela apagada

y marcas en la pared.

Como si alguien hubiera vivido allí… durante mucho tiempo.

A esa habitación la llaman el corazón de la casa.

Pero nadie sabe qué ocurrió allí dentro.

Y eso me lleva a Aurora Hall.

Allí no hay escaleras absurdas ni fantasmas llorando entre las paredes…

Pero sí hay un ático.
Un lugar donde Alexander Dawnbury pintaba mientras las luciérnagas iluminaban el jardín familiar en pleno invierno.

Hasta que su cuadro cambió el curso de todo.

Y fue expulsado.

Desde entonces, el ático permanece cerrado a cal y canto.
Los cuadros quedaron ocultos bajo sábanas polvorientas.

La llave desapareció.
Y la luz se apagó.

La historia comenzó con el relato con Las Cenizas del Amanecer (si quieres leerlo gratis, es aquí, pero pronto dejará de estar disponible)

Y si lo leíste y te gustó, Alexander sigue pintando en En El Corazón de la Niebla. Y pronto, la historia continuará en el siguiente libro, en el que avanzo a buen ritmo.

Esta semana, te invito a cruzar un umbral.

Cuéntame:

¿Hay algún relato de puertas prohibidas que recuerdes con cariño… o con un escalofrío?
¿Alguna habitación o casa que te diera miedo en tu infancia?

¡Soy toda oídos!

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