Polvo de momia y otras exquisiteces

¿Prepararías una infusión de dedo de momia para curarte un catarro?
¿O echarías un pie milenario a la caldera para poner en marcha una locomotora?
Ya… yo tampoco (creo😈).
Pero si el siglo XIX resulta tan fascinante es porque…
¡Ellos sí lo hacían!
Verás, por culpa del buen Napoleón (que, por cierto, no era tan bajito), se desató en Europa una obsesión enfermiza por el Antiguo Egipto.
Viajar hasta allí era costoso, peligroso, exótico. Así que la aristocracia victoriana decidió traerse Egipto a casa.
Literalmente
Uno de los souvenirs más codiciados para presumir en una velada era…
Una momia.
Sí. Entera, si el bolsillo te lo permitía.
Y si no… una mano, un pie o cualquier parte, siempre que estuviera envuelta en vendas amarillentas.
En algunas fiestas, las servían como espectáculo.
Té, scones… y un “unwraping” de momia
Literalmente.
Abrían las vendas entre copas y vítores, buscando amuletos o huesos con historia.
Pero no todo era exhibición.
🕯️ Se quemaban momias como combustible para trenes.
📜 Se usaban sus vendas para fabricar papel.
💊 Y se molían sus restos hasta formar un fino polvo marrón con supuestas propiedades curativas.
Muchos lo tomaban con láudano.
Otros lo usaban como pigmento para pintar cuadros.
Imagínate: ¡Algunos cuadros colgados en los museos contienen restos humanos!
👁🗨 En Aurora Hall no se celebran unwrapings de momias…
Pero sí hay un pintor solitario, atormentado por la belleza imposible de sus cuadros.
Alexander Dawnbury jamás usaría pigmentos hechos con restos humanos.
Su arte no es carroña ni espectáculo grotesco, sino alma pintada en óleo.
Por eso, cuando sus cuadros hablan, lo hacen con una voz tan profunda que duele.
Y, a veces, en las tinieblas de su estudio, hay quien jura que sus lienzos respiran.
Si ya has leído Las Cenizas del Amanecer, sabes de qué hablo… y pronto te contaré más secretos 😈
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